Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Si el lector considera honradamente la relevancia de lo que he expuesto en el capÃtulo anterior, estoy convencido de que causará una formidable revolución en sus ideas y opiniones; y estará notablemente mejor preparado para recibir y disfrutar de la parte final de este maravilloso tratado. Los lectores podrÃan dividirse en tres clases: los superficiales, los ignorantes y los cultos, y, con mucho acierto, yo he adecuado mi pluma al carácter y beneficio de cada uno. El lector superficial se sentirá extrañamente provocado a la risa, que limpia el pecho y los pulmones, es soberana frente a la melancolÃa y el más inocente de todos los diuréticos. El lector ignorante, cuya distinción con el anterior es extremadamente sutil, se encontrará propenso a mirar fijamente, lo cual es un admirable remedio para los ojos enfermos, sirve para levantar y fortalecer el ánimo y ayuda admirablemente a sudar. Pero el lector verdaderamente culto, en cuyo beneficio principalmente yo velo mientras otros duermen y duermo mientras otros velan, encontrará aquà materia suficiente en la que emplear sus especulaciones para el resto de su vida. SerÃa muy de desear, y yo lo propongo aquà humildemente como experimento, que cada prÃncipe de la cristiandad se lleve consigo a siete de los sabios más profundos de sus dominios y los encierre durante siete años en siete cámaras, con la orden de redactar siete extensos comentarios sobre este completo discurso. Me atreverÃa a afirmar que cualesquiera diferencias que puedan encontrarse en sus diversas conjeturas serán todas, sin la menor distorsión, manifiestamente deducibles a partir del texto. Mientras tanto, solicito fervientemente que se acometa una empresa tan provechosa, si place a sus majestades, con toda la celeridad posible, pues tengo un ardiente deseo de poder saborear, antes de que deje este mundo, una bendición que nosotros, los escritores misteriosos, rara vez podemos alcanzar hasta que llegamos a la tumba: ¿es la fama un fruto injertado en el cuerpo, que apenas puede crecer y menos aún madurar, hasta que la existencia esté enterrada, o es como un ave de presa, conducida entre otras a perseguir el olor de la carroña, o acaso entiende que su trompeta suena mejor y con más potencia cuando está sobre una tumba, por la ventaja de estar sobre una base más elevada y el eco de una cripta hueca?