Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Mientras tanto, doy aquí público aviso de que he decidido circunscribir a este discurso el conjunto completo de materiales que he estado produciendo durante tantos años. Puesto que ya está abierta mi vena, me complace agotarla de una sola vez, en beneficio particular de mi querido país y en beneficio universal de la humanidad. Por lo tanto, considerando hospitalariamente el número de mis invitados, estos tendrán mi plena dedicación en una comida, y detesto guardar las sobras en la alacena. Lo que los invitados no puedan comerse podrá ser entregado a los pobres, y los perros, debajo de la mesa, podrán roer los huesos. Entiendo que este es un proceder más generoso que el de revolver el estómago de los comensales invitándoles otra vez mañana a una despreciable comida de sobras.