Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Hay en esta famosa isla de la Gran Bretaña cierto insignificante escritorzuelo, muy prolífico, cuya personalidad no puede ser completamente desconocida para el lector. Se dedica a un pernicioso tipo de escritos, llamados segundas partes, y generalmente pasa por ser el autor de las primeras. Nada me cuesta prever que tan pronto como suelte mi pluma este hábil manipulador me la habrá robado, y me tratará de manera tan inhumana como ya lo ha hecho con el doctor Blackmore, con Lestrange y con muchos otros a los que no nombraré aquí. Por esa razón, en busca de justicia y consuelo, me pongo en manos de ese gran reparador de entuertos y amante de la humanidad, el doctor Bentley, suplicándole que dedique la más moderna de las consideraciones a este enorme agravio; y si ocurriera que, por mis pecados, tuvieran que colocarme equivocadamente los arreos de un burro en la espalda en forma de segunda parte, que él me haga el favor, en presencia del mundo, de aligerarme de tal carga inmediatamente y de llevársela a su propia casa hasta que su verdadero dueño estime oportuno requerirla.