Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Y ahora voy a intentar un experimento muy frecuente entre los autores modernos, que es el de escribir sobre nada. Cuando el tema de la obra está agotado, hay que dejar que la pluma se siga moviendo: lo que algunos llaman el fantasma del ingenio, que se deleita en seguir caminando cuando su cuerpo ha muerto. Y a decir verdad, parece no haber parcela del conocimiento peor repartida que la de discernir cuándo se ha terminado algo. Para cuando un autor ha acabado de escribir su libro él y sus lectores se han convertido en viejos conocidos y muy reacios a separarse. Asà que yo he experimentado a veces al escribir lo mismo que al estar de visita, donde la ceremonia de despedirse lleva más tiempo que todas las conversaciones que la preceden. La conclusión de un tratado se asemeja a la conclusión de la vida humana, que a veces ha sido comparada con el final de un banquete, donde son pocos los contentos en dejarlo, ut plenus vitae conviva; pues los hombres seguirán sentados después de transcurrida la comida más abundante, aunque solo sea para echar una cabezada o dormir fuera de casa el resto del dÃa. Pero en esto último discrepo completamente de otros escritores y estarÃa muy orgulloso si, gracias a mis esfuerzos, puedo haber contribuido de algún modo a la tranquilidad de la humanidad en tiempos tan turbulentos y agitados como estos. Ni creo tampoco que tal ocupación sea tan ajena al quehacer de un hombre de ingenio como algunos supondrÃan, pues en una nación tan cultivada como Grecia, habÃa tantos templos construidos y consagrados al Sueño como a las Musas, ya que ellos creÃan que entre las dos deidades se habÃa establecido la más estrecha de las amistades.