Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Tengo que pedir un último favor al lector: que no espere que vaya a divertirle y a informarle de igual modo cada línea o cada página de este discurso, sino que conceda cierta tolerancia a la melancolía y las breves rachas o intervalos de pesadez del autor, así como a los propios. Y que se pregunte en conciencia si le parecería justo que caminando por la calle con muy mal tiempo o en un día de lluvia hubiera gentes cómodamente a resguardo tras sus ventanas que en ese trance criticaran sus andares y ridiculizaran su vestimenta.