Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Habíamos dejado al señor Pedro en plena ruptura con sus hermanos, expulsados ambos de su casa para siempre y abandonados al ancho mundo, con poco o nada en lo que confiar. Unas circunstancias que les hacen adecuados para ser objeto de la caritativa pluma de un escritor; las escenas de miseria siempre suministran una buena cosecha de grandes aventuras. Y es en eso donde la gente puede percibir la diferencia que hay entre la integridad de un autor generoso y la de un amigo corriente. Se ha observado que este se mantiene muy cercano en tiempos de prosperidad, pero que se distancia rápidamente cuando la fortuna es adversa, mientras que el autor generoso, justo al contrario, encuentra a su protagonista en el estercolero, desde donde gradualmente lo va encumbrando hasta un trono, y entonces él inmediatamente desaparece, esperando nada más que el agradecimiento por su esfuerzo; a imitación de este ejemplo, he situado al señor Pedro en una noble mansión, le he dado un título que ostentar y un dinero que gastar. Allí lo dejaré por algún tiempo, para volver a donde me lleva la simple caridad, en ayuda de sus dos hermanos, sumidos en la más baja de las situaciones. Sin embargo, no olvidaré de ninguna manera mi condición de historiador a la hora de perseguir la verdad paso a paso, suceda lo que suceda, y adondequiera que me lleve.