Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Y entonces los chiquillos de la calle comenzaron a saludarlo con diversos nombres. Unas veces le llamaban Juan el Calvo, otras veces Juan el Linterna, otras Juan el Holandés, otras Hugo el Francés, otras Tomás el Mendigo, y otras Juan el Aldaba del Norte. Y fue bajo uno de estos apelativos, o alguno de ellos, o todos (lo cual dejo que determine el docto lector), con el que dio origen a la muy ilustre y epidémica secta de los eolistas, quienes, con honroso recuerdo, reconocen todavía hoy al renombrado Juan como a su autor y fundador. De cuyos orígenes, así como de sus principios, voy a adelantarme ahora para complacer al mundo con una exposición muy especial.
Melleo contingens cuncta lepore[23].