Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Lo dicho constituye un argumento incontestable para que nuestros ingenios modernos no cuenten con la infinitud de la materia como un sustento permanente. ¿Qué otra cosa nos queda, por tanto, sino que nuestro último recurso sean los índices extensos y los pequeños resúmenes? Las citas hay que recogerlas en abundancia, y por orden alfabético; a tal fin, aunque los autores no necesitan que se les consulte mucho, sí hay que hacerlo meticulosamente con los críticos, con los comentaristas y con los diccionarios. Pero, sobre todo, esos sensatos coleccionistas de pasajes brillantes, florilegios y observaciones deben ser objeto de merecida dedicación por parte de los llamados tamices y cedazos de la sabiduría, aunque quede por saber si se trataba de perlas o de harina, y, por consiguiente, si tendremos que valorar más lo que pasaba o lo que quedaba retenido.