Escritos subversivos
Escritos subversivos El octavo capítulo es un proyecto para unir las varias corporaciones de mentirosos más pequeñas en una sociedad. Sería demasiado tedioso dar cuenta completa de todo el proyecto; lo destacable es que esta sociedad debe integrar a los líderes de cada partido; que siendo ellos los mejores jueces de las exigencias actuales y de las clases de mentiras por las que hay demanda, ninguna falsedad pasará como buena sin su aprobación; que en esa corporación habría hombres de todas las profesiones; que la decencia y la probabilidad deben ser tan observadas como sea posible; que además de las personas arriba mencionadas, esta sociedad integraría a los talentos prometedores de esta ciudad (muchos de los cuales pueden ser tomados en abundancia en los diversos cafés), viajeros, virtuosos, cazadores de zorros, jockeys, abogados, viejos marinos y abogados salidos de los hospitales de Greenwich y Chelsea. A esta sociedad, así constituida, le debe ser confiada la administración exclusiva de la mentira. De este modo, en su sala de espera habría siempre algunas personas dotadas de una gran cuota de credulidad, especie que medra prósperamente en ese suelo y clima.