Escritos subversivos
Escritos subversivos El séptimo capítulo está completamente dedicado a un interrogante: ¿cuál de los dos partidos cuenta con los más grandes artistas de la mentira política? Reconoce que a veces es más creído un partido y a veces el otro, pero que ambos tienen muy buenos talentos entre ellos. Atribuye el poco éxito de uno y otro partido a que han atiborrado el mercado, colocando demasiada cantidad de una mala mercadería simultáneamente. Propone un proyecto para la recuperación del crédito de cualquiera de los partidos que verdaderamente parece ser algo quimérico y no hace favor al juicio sólido que el autor ha mostrado en el resto de la obra. Sugiere que el partido podría avenirse a no desembuchar otra cosa que la verdad durante tres meses seguidos, lo que le daría crédito para mentir durante los seis meses siguientes; admite que cree casi imposible encontrar personas adecuadas para ejecutar ese proyecto. Hacia el final del capítulo lanza una severa filípica contra la locura de los partidos al contratar a bribones y hombres de genio módico para colocar sus mentiras, como lo son la mayoría de los gacetilleros actuales quienes, excepto una fuerte vocación por el oficio, parecen totalmente ignorantes de las reglas de la pseudología[38] y absolutamente descalificados para una función tan importante.