Escritos subversivos

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Le dije que un primer ministro, o ministro de estado, al que intenté describir, era una persona totalmente ajena al júbilo y la aflicción, el amor y el odio, la piedad y la cólera; y que no ejercita otra pasión que un violento deseo de riqueza, poder y títulos; que destina sus palabras a todos los fines, excepto al de expresar sus pensamientos; que nunca dice una verdad si no es con la intención de que se la tome por una mentira, ni una mentira, sino para que se la tome por una verdad; que aquellos de quienes peor habla a las espaldas, se hallan en la más segura vía de progreso, pero el día que él comienza a elogiarlo a usted ante otros o ante usted mismo, usted está perdido. La peor señal que se puede recibir es una promesa, especialmente cuando es confirmada por un juramento; después de eso, todo hombre sabio se retira, y abandona toda esperanza.

Existen tres métodos mediante los cuales un hombre puede llegar a primer ministro: el primero, sabiendo cómo disponer de una esposa, una hija o una hermana con prudencia; el segundo, traicionando a su predecesor o minándole el terreno; y el tercero, demostrando en las asambleas públicas un furioso celo contra las corrupciones de la corte. Pero un príncipe sabio preferirá emplear a los que practican el último método, porque esos fanáticos resultan siempre los más obsequiosos y serviles ante la voluntad y las pasiones de su señor.

GULLIVER INFORMA SOBRE LA ARISTOCRACIA


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