Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Mi amo hizo público que me enseñaría otra vez el próximo día de mercado, y entretanto me dispuso un vehículo más conveniente, lo que no le faltaban razones para hacer, pues quedé tan rendido de mi primer viaje y de divertir a la concurrencia durante ocho horas seguidas, que apenas podía tenerme en pie ni articular una palabra. Lo menos tres días tardé en recobrar las fuerzas; y ni en casa tenía descanso, porque todos los señores de las cercanías, en un radio de cien millas, noticiosos de mi fama, acudían a verme a la misma casa de mi amo. No bajarían los que lo hicieron de treinta, con sus mujeres y sus niños -porque el país es muy populoso-, y mi amo pedía el importe de una habitación llena cada vez que me enseñaba en casa, aunque fuera a una sola familia. Así, durante algún tiempo apenas tuve reposo ningún día de la semana -excepto el viernes, que es el sábado entre ellos-, aunque no me llevaron a la ciudad.