Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Además de la caja grande en que me llevaban corrientemente, la reina encargó que se me hiciese otra más pequeña, de unos doce pies en cuadro y diez de altura, para mayor comodidad en los viajes, pues la otra resultaba algo grande para el regazo de Glumdalclitch y embarazosa en el coche. La hizo el mismo artista, a quien yo dirigà en todo el proyecto. Este gabinete de viaje era un cuadrado perfecto, con una ventana en medio de cada uno de tres de los lados, y las ventanas enrejadas con alambre por fuera, a fin de evitar accidentes en los viajes largos. En el lado que no tenÃa ventana se fijaron dos fuertes colgaderos, por los cuales la persona que me llevaba, cuando me ocurrÃa ir a caballo, pasaba un cinturón de cuero, que luego se ceñÃa. Éste era siempre menester encomendado a algún criado juicioso y fiel en quien se pudiese confiar, tanto que yo acompañase al rey y a la reina en sus excursiones, como que fuese a ver los jardines o a visitar a alguna dama principal o algún ministro, si acaso Glumdalclitch no se encontraba bien; pues advierto que muy pronto empecé a ser conocido y estimado de los más altos funcionarios, supongo que más por razón del favor que me dispensaban Sus Majestades que por mérito propio alguno. En los viajes, cuando me cansaba del coche, un criado a caballo sujetaba mi caja a la cintura y la descansaba en un cojÃn delante de él, y desde allà gozaba yo una amplia perspectiva del terreno por los tres lados que tenÃa ventana. Llevaba en este cuartito una cama de campaña y una hamaca pendiente del techo, y dos sillas y una mesa fuertemente atornilladas al suelo, para impedir que las sacudiese el movimiento del caballo o del coche. Y como estaba de tiempo acostumbrado a las travesÃas, esta agitación, aunque muy violenta a veces, no me descomponÃa gran cosa.