Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Otro día Glumdalclitch me dejó en un césped suave para que me esparciese, mientras ella paseaba con su aya a alguna distancia. En esto se desencadenó de repente tan violenta granizada, que su fuerza me derribó en tierra; y, ya caído, los granizos me molieron todo el cuerpo tan cruelmente como si me hubieran lanzado pelotas de tennis; me las arreglé, sin embargo, para arrastrarme a cuatro pies y resguardarme, acostándome boca abajo a lo largo de la banda de sotavento de un lomo cubierto de tomillo; pero tan maltrecho de pies a cabeza, que no pude salir en diez días. Y no hay que asombrarse de ello, porque la Naturaleza en aquel país observa proporción en todas sus manifestaciones; un granizo de aquéllos es casi dieciocho veces más grande que uno de Europa, lo que puedo afirmar apoyado en la experiencia, ya que tuve la curiosidad de pesarlos y medirlos.