Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Practicando este ejercicio me ocurrió una vez un accidente que en nada estuvo que me costara la vida. Fue que, habiendo echado uno de los pajes mi bote en la artesa, el aya que cuidaba de Glumdalclitch, muy oficiosamente, me levantó para meterme en el bote; pero me aconteció escurrirme de entre sus dedos, e infaliblemente hubiese dado contra el suelo desde cuarenta pies de altura si, por la más venturosa casualidad del mundo, no me hubiese detenido un alfiler que la buena señora llevaba prendido en el peto; la cabeza del alfiler vino a metérseme entre la camisa y la pretina de los calzones, y así quedé suspendido en el aire por la mitad del cuerpo hasta que Glumdalclitch acudió en mi socorro.