Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver El rey, que amaba la música en extremo, daba frecuentes conciertos en la corte, a los cuales me llevaban algunas veces. Me ponÃan dentro de mi caja, sobre una mesa, para que la oyese; pero el ruido era tan grande, que apenas podÃa distinguir los tonos. Estoy seguro de que todos los tambores y trompetas de un ejército real, batidos y tocadas al mismo tiempo junto a las orejas no igualarÃan aquello. Mi práctica era hacer que quitasen la caja del sitio en que estuvieran los ejecutantes y la llevasen lo más lejos posible, cerrar luego las puertas y las ventanas de ella y echar las persianas; después de todo lo cual, encontraba aquella música no del todo desagradable.