Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Hasta entonces había visto tan sólo uno de los lados de la Academia, pues el otro estaba asignado a los propagadores del estudio especulativo, de quienes diré algo cuando haya dado a conocer a otro ilustre personaje, llamado entre ellos el artista universal. Éste nos dijo que durante treinta años había dedicado sus pensamientos al progreso de la vida humana. Tenía dos grandes aposentos llenos de maravillosas rarezas y cincuenta hombres trabajando. Unos condensaban aire para convertirlo en una substancia tangible dura, extrayendo el nitro y colando las partículas acuosas o fluidas; otros ablandaban mármol para almohadas y acericos; otros petrificaban los cascos a un caballo vivo para impedir que se despease. El mismo artista en persona hallábase ocupado a la sazón en dos grandes proyectos: el primero, sembrar en arena los hollejos del grano, donde afirmaba estar contenida la verdadera virtud seminal, como demostró con varios experimentos que yo no fuí bastante inteligente para comprender. Era el otro impedir, por medio de una cierta composición de gomas minerales y vegetales, aplicada externamente, que les creciera la lana a dos corderitos, y esperaba, en un plazo de tiempo razonable, propagar la raza de corderos desnudos por todo el reino.
Pasamos a dar una vuelta por la otra parte de la Academia, donde, como ya he dicho, se alojan los arbitristas de estudios especulativos.