Los Viajes de Gulliver

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Dejando esta digresión: cuando me había arrastrado hasta cuatro yardas del trono, me enderecé dulcemente sobre las rodillas, y luego, golpeando siete veces con la frente en el suelo, pronuncié las siguientes palabras, que me habían enseñado la noche antes: Ickpling gloffthrobb squut seruri Clihiop mlashnalt zwin tnodbalkuffh slhiophad gurdlubh asht. Éste es el cumplimiento establecido por las leyes del país para todas las personas admitidas a la presencia del rey. Puede trasladarse al español de este modo: «Pueda Vuestra Celeste Majestad sobrevivir al sol once meses y medio.» A esto, el rey me dio una respuesta que no pude entender, pero a la que repliqué conforme a la instrucción recibida: Fluft drin yalerick dwuldom prastrad mirpush, que puntualmente significa: «Mi lengua está en la boca de mi amigo.» Con esta expresión di a comprender que suplicaba licencia para que mi intérprete pasara; el joven de que ya he hecho mención fue, en consecuencia, introducido, y con su intervención respondí a cuantas preguntas quiso hacerme Su Majestad en más de una hora. Yo hablaba en lengua balnibarba y mi intérprete traducía el sentido a la de Luggnagg.

Le sirvió de mucho agrado al rey mi compañía y ordenó a su bliffmarklub, o sea su gran chambelán, que se me habilitase en palacio un alojamiento para mí y mi intérprete, con una asignación diaria para la mesa y una gran bolsa de oro para mis gastos ordinarios.


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