Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Se me ocurrió ponerme los guantes, lo que pareció sorprender grandemente al rucio amo, que mostraba con señales de asombro lo que yo me había hecho en las patas delanteras; llevó a ellas el casco tres o cuatro veces, como dándome a entender que las volviese a su forma primitiva, lo que hice quitándome los guantes y guardándomelos en el bolsillo. Esto determinó nueva charla, y pude apreciar que la compañía estaba contenta con mi conducta, de lo que no tardé en tocar los buenos efectos. Me mandaron decir las pocas palabras que sabía, y mientras comían, el amo me enseñó los nombres de la avena, la leche, el fuego, el agua y otras cosas. Pude pronunciarlos inmediatamente detrás de él, pues desde mi juventud tengo gran facilidad para aprender idiomas.