Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Dos días después de esta aventura, el emperador, que había ordenado que estuviesen listas las tropas de su ejército de guarnición en la metrópoli y las cercanías, tuvo la ocurrencia de divertirse de una manera muy singular: hizo que yo me estuviera, como un coloso, en pie y con las piernas tan abiertas como buenamente pudiese, y luego mandó a su general -que era un adalid de larga experiencia y gran valedor mío- disponer sus tropas en formación cerrada y hacerlas pasar por debajo de mí, los infantes de a veinticuatro en línea y la caballería de a dieciséis, a tambor batiente, con banderas desplegadas y con lanzas en ristre. Este cuerpo se componía de tres mil infantes y mil caballos.