Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Añadí que el vino no lo importábamos de países extranjeros para suplir la falta de agua y otras bebidas, sino porque era una clase de licor que nos ponía alegres por el sistema de hacernos perder el juicio; divertía los pensamientos melancólicos, engendraba en nuestro cerebro disparatadas y extravagantes ideas, realzaba nuestras esperanzas y desterraba nuestros temores; durante algún tiempo suspendía todas las funciones de la razón y nos privaba del uso de nuestros miembros, hasta que caíamos en un sueño profundo. Aunque debía reconocerse que nos despertábamos siempre indispuestos y abatidos y que el uso de este licor nos llenaba de enfermedades que nos hacían la vida desagradable y corta.
«Pero además de todo esto -agregué-, la mayoría de las personas se mantienen en nuestra tierra satisfaciendo las necesidades o los caprichos de los ricos y viendo los suyos satisfechos mutuamente. Por ejemplo: cuando yo estoy en mi casa y vestido como tengo que estar, llevo sobre mi cuerpo el trabajo de cien menestrales; la edificación y el moblaje de mi casa suponen el empleo de otros tantos, y cinco veces ese número el adorno de mi mujer.»