Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Su método para educar a los jóvenes de ambos sexos es admirable y merece muy de veras que lo imitemos. No se les permite comer un grano de avena, excepto en determinados días, hasta que tienen dieciocho años; ni leche sino muy rara vez; y en verano pacen dos horas por la mañana y otras dos por la tarde, regla que sus padres observan también. Pero a los criados no se les permite por más de la mitad de este tiempo, y una gran parte de su hierba se lleva a casa, donde la comen a las horas más convenientes, cuando más descansados están de trabajo.
La templanza, la diligencia, el ejercicio y la limpieza son las lecciones que se prescriben por igual a los jóvenes de ambos sexos, y mi amo pensaba que era monstruoso que nosotros diésemos a las hembras educación diferente que a los machos, excepto en algunos puntos de organización doméstica. Razonaba él muy atinadamente que por este medio una mitad de nuestra especie no servía sino para echar hijos al mundo, y que entregar el cuidado de nuestros pequeños a esos inútiles animales era un ejemplo más de brutalidad.