Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver La cuestión debatida era si debía exterminarse a los yahoos de la superficie de la tierra. Uno de los partidarios de que se resolviera afirmativamente ofreció varios argumentos de gran peso y solidez. Alegaba que los yahoos no sólo eran los más sucios, dañinos y feos animales que la Naturaleza había producido nunca, sino también los más indóciles, malvados y perversos; mamaban, a escondidas, de las vacas de los houyhnhnms, mataban y devoraban sus gatos, pisoteaban la avena y la hierba si no se los vigilaba continuamente y causaban mil perjuicios más. Se hizo eco de una tradición popular, según la cual no siempre había habido yahoos en el país, sino que en tiempos muy lejanos aparecieron dos de estos animales juntos en una montaña, no se sabía si producidos por la acción del calor solar sobre el cieno y el lodo corrompido, o por el légamo o la espuma del mar. Estos yahoos procrearon, y en poco tiempo creció tanto la casta, que inundaron e infestaron toda la nación. Los houyhnhnms, para librarse de esta plaga, dieron una batida general y lograron encerrar a toda la manada; y después de destruir a los viejos, cada houyhnhnm encerró dos de los jóvenes en una covacha y los domesticó hasta donde era posible hacerlo con un animal tan selvático por naturaleza. Añadió que debía de haber gran parte de verdad en esta tradición y que aquellos seres no podían ser ylhniamsly -o sea aborígenes de la tierra-, como lo indicaba muy bien el odio violentísimo que los houyhnhnms, así como todos los demás animales, sentían por ellos; odio que, aun cuando merecido, por su mala condición, no habría llegado nunca a tal extremo si hubieran sido aborígenes o, al menos, llevasen mucho tiempo de arraigo en el país. Los habitantes, con la ocurrencia de servirse de los yahoos, habían descuidado imprudentemente el cultivo de la raza del asno, que era un bonito animal, fácil de tener, más manso y tranquilo, sin olor repugnante y suficientemente fuerte para el trabajo, aunque cediese al otro en la agilidad del cuerpo; y si su rebuzno no era un sonido agradable, era, con todo, muy preferible a los horribles aullidos de los yahoos.