Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver HabÃa yo ordenado mi pequeña economÃa a mi entera satisfacción. Mi amo habÃa mandado que se me hiciera un aposento al uso del paÃs a unas seis yardas de la casa. Yo revestà las paredes y el suelo con arcilla y los cubrà con una esterilla de junco de mi propia invención. Con cáñamo, que allà se crÃa silvestre, hice algo como un terliz; lo llené con plumas de varios pájaros, que habÃa cazado con lazos hechos de cabellos de yahoo y que resultaban comida excelente. Hice dos sillas con mi cuchillo, ayudado en la parte más áspera y trabajosa por el potro alazán. Cuando mis ropas se vieron reducidas a jirones, me hice otras con pieles de conejo y de un lindo animal del mismo tamaño llamado nnuhnoh, que tiene la piel cubierta de una especie de fino plumón. Con estas últimas me hice también unas medias bastante buenas. Eché piso a mis zapatos con madera cortada de un árbol uniéndola al cuero de la parte superior, y cuando se rompió el cuero lo substituà con pieles de yahoo, secas al sol. Frecuentemente encontraba en los huecos de los árboles miel, que mezclaba con agua o comÃa con el pan. Nadie habÃa podido confirmar mejor la verdad de aquellas dos máximas que enseñan que la Naturaleza se satisface con muy poco y que la necesidad es madre de la invención. Gozaba perfecta salud del cuerpo y tranquilidad de espÃritu; no experimentaba la traición o la inconstancia de amigo ninguno, ni los agravios de un enemigo disimulado o descubierto. No tenÃa ocasión de sobornar ni adular para conseguir el favor de personaje ninguno ni de su valido. No necesitaba defensa contra el fraude ni la opresión; no habÃa allà médico que destruyese mi cuerpo, ni abogado que arruinase mi fortuna, ni espÃa que acechase mis palabras y mis actos o forjara cargos contra mà por un salario; no habÃa allà escarnecedores, censuradores, murmuradores, rateros, salteadores, escaladores, procuradores, bufones, tahures, polÃticos, ingenieros, melancólicos, habladores importunos, discutidores, asesinos, ladrones, ni virtuosi, ni adalides, ni secuaces de partido, ni facciones, ni incitadores al vicio con la seducción o con el ejemplo, ni calabozos, hachas, horcas, columnas de azotar ni picotas, ni tenderos, tramposos, ni maquinaria, ni orgullo, ni vanidad, ni afectación, ni petimetres, espadachines, borrachos, ni rameras trotacalles, ni mal gálico, ni esposas caras y despepitadas, ni estúpidos pedantes orgullosos, ni compañeros importunos, cansados, quimeristas, turbulentos, alborotadores, ignorantes, vanagloriosos, juradores, ni pÃcaros elevados del polvo en pago de sus vicios, ni nobleza arrojada a él en pago de sus virtudes, ni lores, violinistas, jueces, ni maestros de baile.