Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Es de notar que estos embajadores me hablaron por medio de un intérprete, pues los idiomas de ambos imperios se diferencian entre sí tanto como dos cualesquiera de Europa, y cada nación se enorgullece de la antigüedad, belleza y energía de su propia lengua y siente un manifiesto desprecio por la de su vecino. No obstante, nuestro emperador, valiéndose de la ventaja que le daba la toma de la flota, les obligó a presentar sus credenciales y pronunciar su discurso en lengua liliputiense. Debe, sin embargo, reconocerse que a consecuencia de las amplias relaciones de ambos reinos en el campo del comercio y los negocios; del continuo recibimiento de desterrados, que entre ellos es mutuo, y de la costumbre que hay en cada imperio de enviar al otro a los jóvenes de la nobleza y de las más acaudaladas familias principales para que se afinen viendo mundo y estudiando hombres y costumbres, hay pocas personas de distinción, así como comerciantes y hombres de mar que viven en las regiones marítimas, que no sepan sostener una conversación en ambas lenguas. Así pude apreciarlo algunas semanas después, cuando fuí a ofrecer mis respetos al emperador de Blefuscu; visita que, en medio de las grandes desdichas que me acarreó la maldad de mis enemigos, resultó para mí muy feliz aventura, como referiré en el oportuno lugar.