Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver En todo este tiempo se me hacía maravilla no tener noticia de que nuestro emperador hubiese enviado algún mensaje referente a mí a la corte de Blefuscu; pero después me hicieron saber secretamente que Su Majestad Imperial, no imaginando que yo tuviera el menor conocimiento de su propósito, creía que sólo había ido a Blefuscu en cumplimiento de mi promesa, de acuerdo con el permiso que él me había dado y era notorio en nuestra corte, y que regresaría a los pocos días, cuando la ceremonia terminase. Mas sintióse, al fin, inquietado por mi larga ausencia, y, luego de consultar con el tesorero y el resto de aquella cábala, se despachó a una persona de calidad con la copia de los artículos dictados en contra mía. Este enviado llevaba instrucciones para exponer al monarca de Blefuscu la gran clemencia de su señor, que se contentaba con castigarme no más que a la pérdida de los ojos, así como que yo había huido de la justicia y sería despojado de mi título de nardac y declarado traidor si no regresaba en un plazo de dos horas. Agregó además el enviado que su señor esperaba que, a fin de mantener la paz y la amistad entre los dos imperios, su hermano de Blefuscu daría orden de que me devolviesen a Liliput sujeto de pies y manos, para ser castigado como traidor.