La Cosecha
La Cosecha Cristalino y ágil corre el Jumna en la hondonada. En lo alto, las ceñudas barrancas. Y, todo en torno, el oscuro verdor de los montes, agrupándose, separados sólo por el tajo de los torrentes.
El venerable maestro Govida, sentado en una roca, leía las sagradas escrituras cuando hasta él Regó, orgullo y engreído por sus riquezas, el discípulo Daghunath e, inclinándose, le dijo: "Te traigo este mísero regalo, indigno de tu fama". Y le presentó un par de brazaletes de oro y piedras preciosas.
El maestro tomó uno, haciéndolo girar en uno de sus dedos, y las piedras produjeron un luminoso chisporroteo. Mas de pronto, escapándosele, el brazalete cayó y, saltando de piedra en piedra, cayó al Jumna.
Daghunath lanzó un grito y se arrojé al río. El maestro volvió a su libro. Y las aguas, prosiguiendo su curso, no de- volvieron el tesoro que habían arrebatado.
Cuando, fatigado y chorreando agua, regresó el discípulo cabe su maestro, ya declinaba el día. Anhelante, le suplicó: "Dime dónde cayó y quizá, pueda encontrar aún el brazalete".
Pero Govida tomó el brazalete que le quedaba y, arrojándolo, sólo dijo: «"¡Allí!"»
