La Cosecha
La Cosecha Dime que si...
Entonces, en canastos desbordantes, recogeré todos mis frutos -los que pasan de maduros y los que están verdes aún-, para volcarlos en tu morada. Porque la estación ya está muy avanzada y el pastor, en la sombra, deja escuchar el lamento de su flauta.
El inquieto viento de marzo encrespa las aguas que hasta ayer estuvieron tranquilas. La huerta ha dado todos sus frutos. Y en la placidez del crepúsculo, desde tu morada al otro lado del río, por el lado del poniente, llega hasta mí tu voz.
Dime que sí...
Y, entregando mi vela a la caricia del viento, cruzaré el río.
