La Cosecha
La Cosecha Un día y otro día tendí hasta tus puertas mis manos, implorando, implorando. Tú me diste y me diste, a veces poco, otras veces mucho. Yo recibía a mi antojo. Algunas cosas me pesaban mucho; otras las rompía cuando me cansaba; otras las dejé para jugar... El montón de cosas olvidadas y desdeñadas tornóse tan grande que llegó a ocultarte. Y mi corazón, fatigado de esperar y esperar, cayó rendido.
Ahora soy yo el que te digo: "¡Toma!
¡Destroza cuanto hay aquí, en este platillo de limosnas! ¡Extingue la lámpara de tu importuno guardián! ¡Y, tomándome por las manos, levántame por encima del cúmulo de tus limosnas hasta la infinita desnudez de tu solitaria presencia!
