La Cosecha
La Cosecha I
Al pie de las murallas de Mathura, Upagupta, el discípulo de Buda, echado en el suelo, dormía profundamente, Ya estaban extinguidas todas las lámparas y cerradas todas las puertas de los hogares. Y el sucio cielo de agosto ocultaba el fulgor de todas las estrellas.
De repente, Upagupta sintió sobre su pecho unos pies que, ágiles, hacían repicar sus ajorcas. Asustado, se incorporó, y a la luz de una lámpara contempló los ojos de una mujer que perdonaban.
Era la bailarina, constelada de joyas, envuelta como por una nube, por su manto azul pálido y ebria de juventud.
Hizo descender la lámpara y entonces contempló el rostro mozo de Upagupta y su austera belleza. Por lo que le dijo: 'Perdóname si te he despertado, hermoso. ¡Vamos! ¡Vente conmigo! Acompáñame a mi casa, que la tierra sucia no debe ser lecho para ti".
Upagupta le repuso: "Sigue tu camino, mujer; que ya acudiré a ti cuando sea tiempo"
En eso, el lobo de la noche enseñó sus dientes entre el fulgor de un relámpago. El trueno, desde un rincón del cielo, dejó escuchar su gruñido. Y la mujer, espantada, comenzó a temblar.
