La Cosecha
La Cosecha El sol se había ocultado en la maraña de la selva, por encuna del río. Los niños de la ermita estaban de regreso con los rebaños, y, alrededor del hogar, escuchaban a Gautama, el maestro. En eso, llegó un pequeño desconocido, cargando una brazada de flores y frutos, y le saludó, haciendo una profunda reverencia a la vez que, con voz alada, decía: "Maestro Gautama, vengo para que me guíes por el sendero de la ver- dad. Mi nombre. Mi nombre es Satiakama”.
"¡Bendita seas!", dijo Gautama, y, luego le preguntó: " ¿De qué casta eres, hijo mío? Bien sabes que únicamente un bramín puede aspirar a la sabiduría suprema... ".
"Lo ignoro, maestro... Pero he de preguntarlo a mi madre".
Satiakama se despidió, y cruzando el río por el vado, regresó a la choza materna que se hallaba más allá de la aldea dormida, en la extremidad de un arenal.
La madre lo aguardaba en pie, y su silueta se recortaba en sombra ante la puerta de la habitación débilmente iluminada.
Cuando llegó, lo estrechó contra su cuerpo, y, besándole en la frente, le preguntó qué le había dicho el Maestro Gautama.
