La Cosecha
La Cosecha Mi Señor me ha ordenado que, mientras esté yo al borde del camino, entone la canción de la derrota, la amada, predilecta suya.
Ella ha cubierto su rostro con el oscuro velo; pero, sobre su pecho, deja brillar su joya. Es la eterna abandonada durante el día; pero, en la noche, Dios la aguarda con sus lámparas encendidas y sus flores húmedas de rocío.
Permanece en silencio, con las pupilas dormidas. Abandonó su hogar y de él trae el viento su lamento. Mas las estrellas le cantan la melodía del eterno amor y su rostro deja ver la huella de la vergüenza y el dolor.
Se ha abierto la puerta de la alcoba Solitaria. Alguien ha llamado... Y el corazón palpita apresuradamente, sobrecogido porque ha llegado la hora de la esterada visita.
