La desaparición de Kahlan
La desaparición de Kahlan Cara reaccionó primero. En un parpadeo, se movió con la velocidad de una serpiente y golpeó con su agiel. El atacante soltó un chillido mientras su cuerpo se sacudía por la descarga de dolor.
—¿Quién eres? —exigió Richard, apuntándole con la espada.
El hombre se desplomó, temblando. Su túnica estaba sucia y deshilachada, sus ojos vidriosos por el miedo.
—¡No me maten! —suplicó, jadeando—. No sé quiénes son, pero deben irse de aquí. No tienen idea de lo que han desatado.
Nicci se inclinó sobre él.
—¿De qué hablas?
El hombre tragó saliva, su cuerpo aún temblando.
—Ellos… ellos no dejarán que encuentren lo que buscan.
Richard frunció el ceño.
—¿Quiénes son “ellos”?
Pero antes de que el hombre pudiera responder, su cuerpo se arqueó bruscamente y dejó escapar un gemido sofocado. Sus ojos se abrieron con horror antes de quedar en blanco.
Nicci se apartó de inmediato, pero era tarde. El hombre estaba muerto.
—Alguien lo ha silenciado —murmuró Richard.