La desaparición de Kahlan
La desaparición de Kahlan Trató de recordar. Fragmentos dispersos flotaban en su cabeza: su risa, el aroma de su cabello, la calidez de su cuerpo. Pero, como arena entre los dedos, las imágenes se desvanecían al intentar agarrarlas.
—No existe ninguna Kahlan —dijo Nicci con un tono apaciguador, como si estuviera calmando a un niño—. ¿Richard, me oyes?
La rabia brotó dentro de él, una fuerza ardiente que lo empujó a la acción. Con un esfuerzo descomunal, se puso de pie tambaleándose.
—¡Es mentira! ¡Ustedes la conocen! ¡La han visto, han hablado con ella!
Cara apoyó una mano en su hombro, firme pero compasiva.
—Richard, no hay nadie con ese nombre.
El mundo se estrechó a su alrededor. La realidad misma parecía tambalearse.
—Tiene que haber alguna explicación... alguien ha hecho algo...
Y entonces, la sensación helada de una verdad oscura se instaló en su pecho.
—Si ella nunca existió… entonces yo también estoy perdiendo la cordura.
Nicci apoyó una mano en su brazo.
—Tienes fiebre, Richard. Estás confundido.
