El estado judÃo
El estado judÃo El problema judÃo existe. SerÃa locura negarlo. Es un residuo de la Edad Media, del que los pueblos cultos, con la mejor voluntad, no pueden deshacerse aún hoy. Mostraron, ciertamente, una actitud magnánima cuando nos emanciparon. El problema judÃo existe dondequiera que vivan los judÃos en número apreciable. Donde no existe, es introducido por los judÃos inmigrantes. Nos dirigimos, naturalmente, hacia donde no nos persiguen; nuestra aparición provoca las persecuciones. Esto es cierto, y lo seguirá siendo en todas partes hasta que el problema judÃo no sea resuelto polÃticamente. Surgirá hasta en paÃses de desarrollo superior; una demostración: Francia. Los judÃos pobres llevan el antisemitismo a Inglaterra, ya lo han llevado a América.
Creo entender el antisemitismo, que es un movimiento muy complejo. Contemplo este movimiento como judÃo, sin odio y sin miedo. Creo reconocer lo que en el antisemitismo hay de burda chanza, envidia ruin, prejuicio heredado, intolerancia religiosa, pero también lo que hay de pretendida defensa legÃtima. No considera la cuestión judÃa como una cuestión social ni religiosa, aunque ella se tiña con estos y otros colores. Es un problema nacional y para resolverlo tenemos que hacer de él un problema universal y polÃtico, que serÃa resuelto en el consejo de los pueblos cultos.
Somos un pueblo, sÃ, un pueblo.