El estado judío
El estado judío Este siglo nos ha traído un magnífico renacimiento mediante las conquistas de orden técnico. Pero este fantástico progreso aún no ha sido adaptado a la humanidad. Las distancias han sido vencidas y sin embargo nos atormentamos con los sufrimientos de la estrechez. Rápidamente y sin peligro navegamos ahora en gigantescos buques por mares antes desconocidos. Conducimos ferrocarriles seguros a lo alto de las montañas, a las que, en otros tiempos, subíamos temerosos a pie. Lo que acontece en países que no habían sido aún descubiertos, cuando Europa recluía a los judíos en guetos, lo sabemos a las pocas horas. Por eso la miseria en que viven los judíos es un anacronismo, y no porque ya hubo, cien años ha, una época de despertar cultural, que en realidad existió solamente para los espíritus más distinguidos.
Ahora bien, creo que la luz eléctrica no ha sido inventada, de ninguna manera, para que algunos snobs iluminen sus lujosas habitaciones, sino para que a su luz resolvamos los problemas de la humanidad. Uno de éstos, y no el menos importante, es el problema judío. Resolviéndolo, no trabajamos tan sólo para nosotros mismos, sino a favor de muchos otros míseros y oprimidos.