El estado judío
El estado judío Tenemos esclavos del trabajo de fuerza insólita, cuya aparición en el mundo civilizado significa una competencia mortal para el trabajo manual: son las máquinas. Se necesitan, ciertamente, trabajadores también para ponerlas en movimiento pero, para estas necesidades contamos con bastante hombres, tal vez, demasiados. Sólo quien no conozca la situación de los judíos en muchos países de Europa oriental, se atreverá a afirmar que los judíos son incapaces de realizar cualquier trabajo manual o le son reacios.
Pero, en este escrito no quiero hacer la defensa de los judíos. Sería inútil. Todo lo razonable y sentimental ya ha sido dicho sobre este tema. Ahora bien, no basta encontrar las razones pertinentes para el entendimiento y el espíritu; los que oyen tienen que ser capaces de comprender, de otro modo sería predicar en el desierto. Pero si los oyentes se hallan ya tan lejos y tan alto, entonces la prédica resulta superflua. Creo en la ascensión de los hombres hacia grados cada vez más altos de espiritualidad, pero lo considero de una lentitud desesperante. Si quisiéramos esperar a que los sentimientos del hombre medio alcancen los que animaban a Lessing cuando escribía “Natán el sabio”, transcurriría en ello nuestra vida y la de nuestros hijos, nietos y biznietos. Aquí nos viene a ayudar, por otro lado, el espíritu universal.