El estado judÃo
El estado judÃo Y el alivio empezará de inmediato. De la burguesÃa salen nuestros intelectuales medios, que producimos en exceso, para integrar nuestras primeras organizaciones formando nuestros primeros técnicos, oficiales, profesores, empleados, juristas, médicos. Y asà adelantaremos, rápidamente, pero sin sacudidas.
En los templos se rezará por el éxito de la obra. También en las iglesias. Se trata de la liberación de un antiguo yugo bajo el cual todos sufrÃan.
Pero, ante todo, tiene que hacerse la luz en las inteligencias. El pensamiento debe volar hasta los lugares más miserables, en los que viven nuestras gentes. Despertarán de su letargo. Puesto que toda nuestra vida adquiere un nuevo contenido. Cada cual sólo tiene que pensar en sà mismo y la emigración se volverá intensa.
¡Y qué gloria espera a los que luchan por la causa sin interés personal!
Por eso creo que surgirá de la tierra una generación de judÃos admirables. Resurgirán los macabeos.
Repitamos las palabras del principio: Los judÃos que lo quieran tendrán su Estado.
Al fin hemos de vivir como hombres libres, en nuestro propio suelo y hemos de morir tranquilamente en nuestra patria.
El mundo se libera con nuestra libertad, se enriquece con nuestra riqueza y se engrandece con nuestra grandeza.