El estado judío
El estado judío Antes no era posible. Ahora lo es. Hace cien, cincuenta años hubiera sido todavía una utopía. Hoy es una realidad. Los ricos que gozan de una visión conjunta de las conquistas de orden técnico, saben muy bien todo lo que se puede hacer con dinero. Y así sucederá: precisamente los pobres y los simples, que ni siquiera sospechan el poder que el hombre posee sobre las fuerzas de la naturaleza, son los que creerán más fervorosamente en el nuevo mensaje. Puesto que ellos no han perdido la esperanza de alcanzar la Tierra Prometida.
¡Judíos! ¡Aquí no hay ninguna fantasía, ningún engaño! Todos pueden convencerse de ello, puesto que cada uno lleva en sí al nuevo país, un trozo de Tierra Prometida: uno, en su cabeza; otro, en sus brazos; el tercero, en su fortuna y posesiones.
Podría parecer que es una cosa que exige mucho tiempo. En el mejor de los casos, habría que esperar aún muchos años hasta el comienzo de la fundación del Estado. Entretanto, en miles de lugares diferentes los judíos son maltratados, mortificados, injuriados, apaleados, despojados y sacrificados. No: apenas empecemos a poner en ejecución el plan, el antisemitismo cesará en todas partes e inmediatamente. Ni bien se constituya la Jewish Company, esta noticia se difundirá hasta los puntos más lejanos de la tierra por el relámpago de nuestros cables telegráficos.