El estado judío
El estado judío ¿Opinarán algunas personas acomodadas que la presión no es todavía tan grande como para justificar la emigración y que, hasta en las expulsiones violentas, se puede notar con qué poca gana emigra nuestra gente? ¡Sí, porque no saben adónde van! ¡Porque salen de una situación miserable para sumirse en otra! Pero nosotros les indicamos el camino que conduce a la Tierra Prometida. Y la fuerza magnífica del entusiasmo debe luchar con la terrible fuerza de la costumbre.
Las persecuciones no son tan malignas como en la Edad Media. Seguramente, pero nuestra sensibilidad se ha acrecentado de manera que no sentimos disminución alguna en los sufrimientos. La larga persecución ha sobreexcitado nuestros nervios.
¿Y se dirá aún que la empresa está condenada al fracaso, aun cuando consigamos el país y la soberanía porque sólo los más pobres se dirigirán a él? ¡A ellos los necesitamos, precisamente, al principio! Sólo los “desesperados” sirven para la conquista.
¿Dirá alguien que, de ser esto posible, ya se hubiera hecho?