El estado judÃo
El estado judÃo No hemos de ser aniquilados por la opresión y las persecuciones. Ningún pueblo de la historia ha soportado luchas y sufrimientos como el nuestro. Acosándonos, sólo han conseguido que perecieran los débiles de entre nosotros. Cuando se inician las persecuciones, los judÃos retornan con arrogancia a su raza. Esto se pudo advertir claramente en la época inmediata a la emancipación de los judÃos. Los judÃos que gozaban espiritualmente y materialmente de una posición elevada, perdieron el sentimiento del vÃnculo que lo unió. Si el bienestar polÃtico dura algún tiempo, nos asimilamos en todas partes; creo que esto no puede tacharse de indigno. Por eso el estadista que desee la ruina racial de los judÃos a favor de su pueblo, tendrÃa que preocuparse por la duración de nuestro bienestar polÃtico. Y ni siquiera un Bismarck lo ha podido.
En el corazón del pueblo están arraigados profundamente viejos prejuicios contra nosotros. Quien quiera darse cuenta de ello no tiene más que prestar atención a aquello en lo que el pueblo se manifiesta sincera y simplemente: las leyendas y los refranes son antisemitas. El pueblo es, en todas partes, un niño grande al que, naturalmente, se puede educar, pero esta educación requerirÃa, en el mejor de los casos, un tiempo tan enorme que, como ya he dicho, muchos antes hubiéramos podido ayudarnos de otra manera.