El estado judÃo
El estado judÃo La asimilación, bajo la cual comprendo no solamente los elementos exteriores que pudieran introducirse en el vestir, en las costumbres, en los hábitos y en la lengua, sino la igualación paulatina de los sentimientos y de la manera de ser; la asimilación de los judÃos no podrá ser lograda, en todas partes, sino por el casamiento mixto. Más éste tendrá que ser sentido, por la mayorÃa, como una necesidad; no basta, de ninguna manera, declarar lÃcito el matrimonio mixto. Los liberales húngaros que lo han hecho ahora incurrieron en un grave error. Este casamiento, instituido doctrinariamente, fue bien ilustrado por uno de los primeros casos: un judÃo converso se casó con una judÃa. Pero la lucha a favor de la actual manera de contraer matrimonio ha agravado mucho las diferencias entre cristianos y judÃos en HungrÃa y, por ende, ha perjudicado más que favorecido, la mezcla de las razas. El que desee la desaparición de los judÃos por la mezcla, puede ver en ello solamente una posibilidad: los judÃos tendrÃan que alcanzar tal poder económico hasta que el viejo prejuicio social fuera vencido. El ejemplo lo proporciona la aristocracia en la que, proporcionalmente, abundan los casamientos mixtos. La vieja nobleza se deja dorar de nuevo con el dinero de los judÃos y algunas familias judÃas son asà absorbidas. Pero ¿qué forma adoptarÃa este fenómeno en las clases medias, donde el problema judÃo cunde, dado que los judÃos constituyen un pueblo burgués? La obtención del poder económico, que es condición previa, equivaldrÃa a la autocracia económica de los judÃos, que ya ahora es afirmada falsamente. Y si ya el poder actual de los judÃos provoca tales explosiones de alarma y de furor por parte de los antisemitas, ¡a qué estallidos no darÃa lugar el acrecentamiento ulterior de dicho poder! Tal intento de reabsorción no puede ser logrado, pues serÃa el sometimiento de la mayorÃa por una minorÃa que, hasta hace poco, era despreciada y que no cuenta con una fuerza bélica o administrativa. Por eso considero inverosÃmil que se realice la reabsorción de los judÃos por el bienestar económico. Los paÃses que hoy son antisemitas se adherirán a mi punto de vista. Los otros, en los que los judÃos se hallan momentáneamente bien, tal vez mis hermanos de raza combatirán mis aserciones de la manera más violenta. Me creerán recién cuando sean acosados, de nuevo, por los antisemitas. Y cuanto más se haga esperar el antisemitismo, con tanto más furor estallará. La infiltración de los judÃos inmigrantes, atraÃdos por una aparente seguridad, por una parte, asà como el creciente ascenso de clases de los judÃos autóctonos por la otra, obran al unÃsono para precipitar el desenlace fatal. Nada hay más sencillo que esta conclusión.