El estado judÃo
El estado judÃo Más el haber arribado a ella, serenamente y ajustándome sólo a la verdad, hará recaer sobre mÃ, como es de prever, la oposición y el odio de los judÃos de buena situación. Si sólo se tratara de intereses privados, cuyos dueños, por estupidez o cobardÃa, se sintieran amenazados, se pondrÃa de lado el asunto con una sonrisa despectiva, puesto que son más importantes los intereses de los pobres y de los oprimidos. No quiero, sin embargo, dar lugar a interpretaciones erróneas, a saber: que si algún dÃa este plan se realizara, los judÃos poderosos resultarÃan perjudicados. Por eso quiero aclarar detalladamente lo referente a los derechos de propiedad. Si el pensamiento entero no se sale de la literatura, entonces todo queda en la misma situación que antes.
Más grave serÃa la objeción de que apoyo a los antisemitas declarándonos un pueblo y que impido la asimilación de los judÃos, donde ésta quiere realizarse y que, por añadidura, la comprometo donde ya se ha realizado, supuesto que yo, en mi condición de escritor modesto, pueda impedir o comprometer algo.
Esta objeción vendrá, en especial, de Francia. La espero también de otras partes, pero quiero contestar por anticipado, a los judÃos franceses, porque ellos ofrecen el ejemplo más sólido.