El estado judío
El estado judío Pero hasta los intentos de colonización hechos por hombres realmente bien intencionados no tuvieron resultado hasta ahora, aunque fueron intentos interesantes. No creo que para algunos hubiese constituido una especie de deporte el haber hecho emigrar a pobres judíos, como se hace correr caballos. El asunto es demasiado serio y demasiado triste. Estos intentos fueron interesantes en tanto que nos pintan, en pequeño, a los precursores prácticos de la idea de un Estado Judío. Y hasta fueron útiles por cuanto se cometieron en ellos errores que se pueden evitar cuando se trate de una realización en grande. Naturalmente, que con estos ensayos se causaron también daños. La transplantación del antisemitismo a nuevas comarcas, que es la consecuencia necesaria de una infiltración tan ingeniosa, la considero como un perjuicio menor. Lo peor es que sus consecuencias han despertado dudas en los judíos mismos, sobre la capacidad del hombre judío. Estas dudas pueden ser disipadas con la siguiente argumentación: lo que en pequeño es inconveniente e irrealizable, no tiene que serlo en grande. En iguales condiciones, una pequeña empresa puede producir pérdidas mientras una grande alcanza grandes utilidades. Un arroyo no es navegable ni con canoas; el río, en el que aquél desemboca, soporta magníficos buques de hierro.