El estado judío
El estado judío Los judíos asimilados obtendrían más beneficios que los ciudadanos cristianos con el alejamiento de los judíos fieles a su raza. Pues los asimilados se librarían de la competencia molesta, incalculable e inevitable del proletariado judío, que es arrojado de aquí para allí por la presión política y la necesidad económica. Este proletariado inestable se afirmaría. Actualmente, muchos ciudadanos cristianos, a quienes se califica de antisemitas, pueden oponerse a la inmigración de judíos extranjeros. Los ciudadanos judíos no pueden hacerlo aunque son los más afectados, pues sobre ellos pesa la emulación de individuos situados en el mismo nivel económico y que, además, importan el antisemitismo o agravan el ya existente. Es una pena secreta de los asimilados que se alivia por medio de empresas “generosas”. Ellos fundan sociedades de emigración para judíos inmigrantes. Este fenómeno implica un contrasentido, que podría resultar jocoso, si no se tratara de gentes desdichadas. Algunas de estas sociedades de protección no obran a favor sino en contra de los judíos perseguidos, a fin de que los más sean alejados lo antes y lo más lejos posible. Y así, observando atentamente, se descubre que muchos amigos aparentes de los judíos no son sino antisemitas de origen judío, disfrazados de benefactores.