El estado judÃo
El estado judÃo Como ya se ha dicho, no hay que imaginar la emigración de los judÃos en forma repentina. Será gradual y durará varios decenios. En primer lugar, irán los pobres y harán cultivable la tierra; construirán carreteras, puentes, ferrocarriles, erigirán telégrafos, regularán el curso de los rÃos y se construirán, ellos mismos, sus viviendas de acuerdo con un plan preestablecido. Su trabajo hará surgir el comercio; el comercio los mercados; los mercados atraerán a nuevos colonos, puesto que todos vendrán espontáneamente, por propia cuenta y riesgo. El trabajo que invertimos en la tierra hará subir su valor. Los judÃos advertirán, rápidamente, que se ha abierto ante ellos un nuevo y duradero campo, donde podrán desplegar su espÃritu emprendedor que, hasta entonces, habÃa sido odiado y despreciado.
Si hoy se quiere construir una nación, no hay que hacerlo de la manera que fuera posible hace mil años. Es una insensatez volver a viejos grados de cultura, como quisieran muchos sionistas. Por ejemplo, si nos resolviéramos a aniquilar las fieras de un paÃs, no lo harÃamos a la manera de los europeos del siglo V. No nos pondrÃamos en campaña en forma aislada contra los osos, armados de jabalinas y lanzas, sino que organizarÃamos una grande y alegre cacerÃa, acosarÃamos a las bestias hasta tenerlas reunidas y recién entonces arrojarÃamos una bomba de melinita.