El estado judÃo
El estado judÃo En la exposición de la idea, tengo que luchar contra un peligro. Parecerá que si hablo de las cosas futuras con reservas, es porque yo mismo no creo en su realización. Por el contrario, si anunciara sin reservas su realización, quizás entonces todo aparecerÃa como una quimera.
Por eso digo clara y sinceramente: creo en la posibilidad de la realización, sin jactarme, sin embargo, de haberle dado al pensamiento su forma definitiva. El Estado JudÃo es una necesidad universal, por consiguiente nacerá.
Si la empresa fuera acometida por algunos individuos, serÃa ciertamente una locura, pero con el concurso simultáneo de muchos judÃos, ella es perfectamente razonable y su ejecución no presenta obstáculos dignos de mención. La idea depende del número de adherentes. Quizás nuestros jóvenes ambiciosos, ante quienes ya están cerrados todos los caminos y ante quienes se abre, en el Estado JudÃo, la luminosa perspectiva del honor, de la libertad y de la dicha, se preocupen por la difusión de la idea.
Por lo que a mà me toca, considero mi misión cumplida con la publicación de este escrito. Solamente tomaré la palabra, cuando los ataques de rivales dignos me obliguen a ello, o cuando se trate de refutar objeciones imprevistas o disipar errores.
