El estado judío

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Además, los empresarios dispondrán de la mano de obra centralizada. El fabricante se dirige a la bolsa de trabajo, la que le cobra por ello sólo una contribución destinada a su propio mantenimiento. El empresario telegrafía: necesito mañana, por tres días, tres semanas o tres meses, quinientos unskilleds. Al día siguiente entran en funciones, en su empresa agrícola o industrial, los quinientos hombres pedidos que la oficina central reúne acá y allá, precisamente donde estuvieren disponibles. El método de los sajones pierde aquí su tosquedad para transformarse en una institución depurada, según los principios del ejército. Naturalmente, que no se proporcionan esclavos del trabajo, sino obreros, que trabajan sus siete horas diarias, que conservan su organización, a los que también corresponden puestos, ascensos y pensiones por el tiempo que hayan trabajado, aun habiendo cambiado de lugar. El empresario libre, si quiere, puede conseguir obreros de otra manera. Pero difícilmente podrá hacerlo. La Society sabrá suprimir la entrada de esclavos del trabajo que no sean judíos, por medio del boicot a los industriales recalcitrantes, creando dificultades en el tráfico y otras cosas por el estilo. Se estará obligado, de esta manera, a aceptar a los obreros que trabajan siete horas diarias. Así nos acercamos, casi sin brusquedad, al día normal de siete horas.



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