Amo y criado
Amo y criado —Y dale… ¿Dónde quieres que lo lleve?
—Yo no tengo ningún inconveniente en ir con usted —dijo Nikita con voz alegre—. Pero alguien tendrá que dar de comer a los caballos en mi lugar —añadió, dirigiéndose al ama.
—Yo me ocuparé, Nikita. Mandaré a Semión —dijo el ama.
—Entonces, Vasili Andreich, ¿voy con usted? —dijo Nikita, esperando una decisión.
—Por lo visto, no me queda más remedio que dar gusto a la vieja. Pero, si vas a venir conmigo, ponte alguna prenda de más abrigo —dijo Vasili Andreich, sonriendo y señalando con un guiño la pelliza de piel de oveja de Nikita, desgarrada en las axilas, la espalda y los bordes, raÃda y deformada, con flecos en los faldones, que debÃa haber pasado por toda clase de vicisitudes.
—¡Eh, buen hombre, ven a sujetar un momento el caballo! —gritó Nikita al marido de la cocinera, que estaba en el patio.
—¡Yo, yo! —chilló el niño, sacando de los bolsillos las manos moradas de frÃo y cogiendo las riendas heladas.
—Pero ¡no tardes mucho en ponerte guapo! ¡Date prisa! —gritó en broma Vasili Andreich.