Amo y criado
Amo y criado Vasili Andreich, excitado por el vodka que habÃa bebido con sus invitados, se mostraba más satisfecho que de costumbre de todas las cosas que le pertenecÃan y de todo lo que hacÃa. La presencia de su hijo, en quien pensaba siempre como su heredero, le procuró en ese momento un gran placer; lo contempló con una sonrisa, frunciendo el ceño y mostrando sus largos dientes.
La mujer de Vasili Andreich, que estaba embarazada, salió a despedir a su marido. Pálida, delgada, se detuvo detrás de él, en la entrada, con la cabeza y los hombros cubiertos por un chal de lana, que sólo dejaba al descubierto sus ojos.
—DeberÃas llevarte a Nikita —dijo, atravesando el umbral con pasos indecisos.
Era evidente que a Vasili Andreich le habÃan molestado esas palabras, pues, en lugar de responder, frunció el ceño con aire irritado y escupió.
—Llevas el dinero —continuó la mujer, con la misma voz quejumbrosa—. Además, el tiempo puede empeorar. Hazme caso, por el amor de Dios.
—¿Te figuras que no conozco el camino y necesito un guÃa? —exclamó Vasili Andreich, recalcando cada sÃlaba y comprimiendo los labios de forma poco natural, como solÃa hacer cuando hablaba con compradores y vendedores.
—¡Llévatelo, por el amor de Dios! —repitió la mujer, ajustándose mejor el chal sobre los hombros.